Alina en el extranjero

¿Hara qué? ¿Veinticodías desde que llegué? Como sea, siento que han pasado fácilmente unos tres meses. Si no fuera por mi hermana ya se me habrían atrofian las cuerdas vocales de andar tanto tiempo con la boca cerrada, no me gusta hablar juntando errores con errores. Cuando no sé, pues no sé, y así es mejor dejar que los demás hablen, así tú no entiendas. Las clases de español que tomé antes de venir no sirvieron para nada, al menos no en esta ciudad donde todo el mundo habla extrañísimo, a veces siento que se fijan en mis rasgos y con eso ya les entran ganas como de hablar más rápido que de costumbre, como si quisieran que yo no los siguiera en sus conversaciones de gestos exagerados… para cosas extrañas ahí está la chica del metro, ahí si ya estamos hablando de un especimen distinto.

Desde mi segundo día, recien llegada, Lara me acompañó a a la estación y prometió que no dejaría de hacerlo hasta que mi español me diera lo suficiente para dejar de parecer una autista. Volviendo: desde ese día hasta hoy no ha faltado ni una sola vez a su trabajo, hablo de la chica del metro (salir a cantar desde antes de las seis de la mañana es un trabajo más duro que limpiar baños, eso seguro; acaso menos humillante, según se mire). El hecho es que no entiendo casi nada de lo que canta, solo algunas palabras que repite despacio y alarga como si fueran pedazos de luz cruzando la neblina; pero en términos generales no entiendo nada y todo se reduce a que la canción me agrade o me desagrade, casi siempre lo primero. Tiene una voz aspera pero delicada, muy bien afinada; si en vez de estar en la entrada de un metro está en un estudio o en un concierto con buen presupuesto, debe ser grande, y seguramente cantará de susurro en susurros.

Se lo dije a Lara. Lo que la chica del metro me evoca. Lara nunca fue de las personas que cambiaron conmigo cuando al fin hice saber lo poco que me interesaban los chicos. Si no fuera por Lara ya me habría devuelto. Todos los días me quejo y vuelvo y me quejo (hasta lloro) de lo lento que va mi progreso; y ella, si estamos en casa, me acaricia el cuello con sus dedos frios y segura que me da dos meses para estar hablando como si fuera de aquí, que soy una chica lista. Se equívoca.

Lara escribe en el periódico. No es periodista exactamente, vino a este país a trabajar en la embajada y de paso le abrieron una columna de opinión semanal en un diario supuestamente importante. Junto a sus columnas en alfabeto latino (qué falta de expresión tienen esas formas secas, hechas para escribir de afán) aparece una foto de mi hermana de hace ya varias años ¡Qué rara se ve Lara sin gafas! Parece fría y distante, ¡qué fácil es hacerse ideas equivocadas de la gente! Respecto a lo del alfabeto (y como siempre tiene una contrarrespuesta hasta para los temas más peregrinos), me dijo que eso ha cambiado mucho en las últimas décadas, que la caligrafía, en letra “pegada”, puede a veces superar al mejor cirílico. “Pero bueno, los tiempos cambian”, frase que le oigo al menos veinte veces por día.

Tiene una singular debilidad por repetir frases hechas, Lara, que apuntan siempre a lo obvio. Aunque respecto a lo de la mujer del metro… sí que se puede decir que los tiempos cambian. Lara dice que en el periódico la censuran mucho y a veces le dan la ilusión de tener la oportunidad de ser la primera en hablar de un tema cuando la verdad es que al final su escrito es una publirreportaje disfrazado de investigación, qué degradante. Aunque por lo que le pagan yo estaría dispuesta a hacer cosas mucho menos indignas que promocionar un producto disimuladamente. Ahora anda obsesionada con los fanzines. Yo todavía no entiendo bien en qué consiste un fanzine. Sé que es como una publicación casera, aunque si ella me oyera decir casera seguro me corregiría. Si lo fuera a decir de un modo que no le resulte ofensivo, diré que es un perdiódico de cualquier dimensión imaginable, patrocinado por nadie y en el que escriben, dibujan o hacen grabados a veces entorno a un tema en particular, a veces no, cualquier cantidad de artistas o aficionados que disfrutan con las publicaciones en canales menores, independientes. Por eso digo que no tengo la menor idea, buscaré en wikipedia y le daré una sorpresa en medio de una sesión de caricias con dedos fríos.

La verdad es que siempre he aceptado sin envidia que la repartición de inteligencia fue dispareja; no sé si a ella le moleste que a mí me miren cuando salimos juntas. En las últimas noches—cuando estoy viendo una novela latina que si no estoy tergiversando lo poco que entiendo se trata de un tipo muy adinerado que muere en su mansión y reencarna en el cuerpo de un campesino— llega del trabajo y se sienta en la sala a transcribir las grabaciones que le hecho furtivamente a la chica del metro. La chica (¿no será que existe otra palabra distinta a chica, ¿no sé? mujer, dama… ahhh, pero si es una chica es una chica, no es de otra manera) que canta y canta y canta y solo cierra sus labios pálidos cuando alguien (digamos yo) se detiene a mirarla (¿mirarnos?). Entonces deja de cantar y se pone a jugar con arpegios y progresiones de acordes tristes y sencillos como los de esa canción de U2 que se llama “The first time”, con los que me cuenta todo lo que no ha pasado entre las dos, y todo lo que nos ha pasado o nos tendrá que pasar para mirarnos así… en ese momento de “las miradas” la ciudad es un como alguien que me llama pero yo ya me doy cuenta que estoy soñando y no le alcanzo a responder… hmm, no creo que más bien es al revés. La ciudad me despierta y la mujer me llama cuando yo ya estoy del otro lado.

Según me han ido explicando la chica hace algo muy singular con su guitarra y su voz músical, algo que no había visto en ninguna parte y que tiene mucho que ver con los mimos que te siguen en la calle caricaturizando las posturas y los ademanes; solo que esta mujer lo hace con las palabras o las frases que le alcanza a oír a los que pasan a su lado. Yo no entiendo nada de lo que canta, pero el español me parece un idioma bonito con sus siseos y sus vocales abiertas. El hecho es que con cada palabra o frase que oye, construye una breve canción que enlaza con la frase del siguiente viandante. Las cúmulos de canciones pueden durar media hora y cuando pasas es posible que alcances a ver una gota de sudor que le desciende por alguna de sus mejillas exangües. Esa palabra la aprendí la semana pasada, ni mandada a hacer. Bonita yo aprendiendo curiosidades del estoniano cuando no aprendo ni a saludar en español.

Ahora, ahora mismo exactamente, lo que está haciendo mi querida hermana, es divulgar un fanzine dedicado a la cantora del metro…. al tiempo que hace una exposición dedicada a sus canciones, a su quehacer (con el dinero de la entrada creo que le van a comprar un amplificador nuervo, el de ahora da un sonido gangoso que no creo que sea intencional). Transcribió doce canciones grabadas en días distintos, motivadas por frases de personas diferentes ¡Estoy nerviosa!

Hasta ahí digamos que entiendo su movida. Si uno escogió como carrera eso de “lenguas y estudios socioculturales” es apenas normal interesarse por esa clase de cosas. Lo que si me parece demasiado entusiasta de su parte es eso de haberle asignado a cada amigo suyo una canción para que hiciera de ella una “obra de arte” distinta. Pero bueno, la idea tapoco es dar a conocer ningún genio que se esté pudriendo en la sombra. Por ejemplo a Cris le tocó hacer una acuarela de la canción de “los vidrios rotos”, a Javi le tocó una que habla de una estatua que arde a las puertas de un cine”, a mimí le tocó escribir un cuento acerca del “bombero canoso”, a mí me dejaron en paz, a Federico (ese nombre no he parendido a pronunciarlo sin reírme) le tocó hacer una canción sobre la chica misma, a Sylvia le tocó hacer una ilustración sobre la canción del viejo borracho que exhibe entre la bragueta una cabeza de caracol para mear en las escaleras del metro… en fin, no recuerdo más ejemplos. Y creo que se nota que estoy haciendo tiempo. Lara toca a la puerta,.

Apenas ayer nos enteramos de que mi cantante del metro no es ninguna aficionada o algo por estilo. Pues ha grabado cuatro discos y parece que en su país goza de una fama tan grande como su anonimato en este país amable pero que no inspira confianza.

Ahora mismo Lara sigue golpeando la puerta, dice que Anette (ese es el nombre de la (¿¡¡¡mi!!!?) chica) ya llegó y que en unos minutos se empezarán a entregar los fanzines y los tragos. ¡Ya voy!, le grito. No me voy a perder nada. Seguro que también van a empezar con las exposiciones… qué ideas más peregrinas se le ocurren a Lara. Si no fuera porque todo esto me lo tomo como un homenaje a Anette, me habría tomado el fin de semana para conocer los bosques del norte. Qué delicia, qué nervios imaginar que esta noche puedo llegar a conocerla, espero que le guste la verbena, por lo que dice el espejo parece que no tengo nada de que preocuparme. Hoy tendí la cama para dos.

May 02, 2013  |  No Comments » Read More

Ingreso

Cuando los Montejo comenzaron vivían en el 20 de Julio; en ese entonces robaban apartamentos y desvalijaban carros, a veces también incurrían en estafas; sin embargo, no tenían, hasta donde sé, nada que permitiera tomarlos por unos rateros sofisticados. Lo de usar música para desviar la atención empezó como una ocurrencia fruto de la necesidad; no es cierto que fuera el resultado de una decisión tomada en reuniones clandestinas; como pretende sugerir el documental que hizo Ostra, “De cerca a los Montejo”.

Respecto a eso, tengo entendido que una noche se hicieron a un botín que incluía no solo joyas y algunos electrodomésticos, sino un acordeón Hohner de colección. Todo lo montaron al volco de la camioneta. Yendo hacia su casa fueron detenidos en un retén de policía para una inspección de rutina. Entonces Óscar, el menor (creo), le echó mano al acordeón y se puso a cantar como serenatero. Al verlo, los otros Montejo se pusieron a imitarlo. Debieron pasar por músicos que iban tarde para algún recital, pues en último momento el policía optó por dejarlos seguir.

Después de ese golpe de suerte fue que comenzaron a usufructuar la música para desorientar a la policía. No estudiaron gramática pero sí ganaron destreza en la interpretación de algunos instrumentos. Ya no se les ocurría salir a robar si no era con una guitarra o con un acordeón, que dejaban oculto en algún punto incipiente de su ruta de escape. Una vez hecho el robo recogían los instrumentos y alzaban un canto improvisado para que cualquiera que los viera los tomara por borrachos aficionados o por serenateros perdidos.

Pero, a mi modo de ver, la historia de esta compañía no empieza propiamente sino hasta que se unieron varias bandas delictivas para dar un zarpazo por encima de sus posibilidades particulares. Fue allí que a los Montejo, ya conocidos por lo de la pantalla serenatera, como habían empezado a llamar su modus operandi, se les delegó la función de “distracción”. Iban a robar la tesorería de un bufete de abogados especializado creo que en líos de propiedad horizontal, necesitaban despejar la entrada; además a menos de dos cuadras había un banco y pues ya se sabe como es la vigilancia en esas zonas. Allí mismo aparecieron los Montejo con sus instrumentos y llamaron la atención de todos, particularmente la de los porteros, pues sé por experiencia propia que son estos más proclives a dejarse llevar por la música que muchos otros funcionarios. La sustracción fue completamente exitosa.

Para esta ocasión, los Montejo no fueron empleados o contratados, sino que eran parte del proyecto y aceptaron la función que les fue asignada. Observando tan buenos resultados los Montejo siguieron siendo “empleados” por el ampa cada vez que necesitaba una manito de distracción. Al año o un poco más de estos contratos, relativamente frecuentes, la banda de hermanos rateros ya había dejado el robo para dedicarse exclusivamente al negocio de atrapar la atención.

Pero como los rateros tienen jefes, y las noticias vuelan, no tardó el gremio del narcotráfico en solicitar sus servicios. Así empezaron a verse funcionarios de los Montejo merodeando aeropuertos, muelles o metederos para hacerse pasar ora por músicos callejeros empecinados en una moneda, ora por músicos contratados para cantarle al teniente su canción favorita como si su esposa o algún otro familiar les hubiera pagado para ello.

Y como los narcos tienen jefes o socios que merecen todo su respeto, tampoco tuvo que pasar mucho tiempo para que un empresario bien informado les ofreciera (a los Montejo) por la compañía una suma que, según unos, apenas pasaba de cuatro millones de dólares,según otros, llegaba hasta los diez. Como esta clase de tratos no se sellan con papeles sino con palabras, y la verdad no cuento para este punto con las mejores fuentes, me limitaré a poner de relieve que igual es poco decir cuatro millones como decir diez si de lo que estamos hablando es de una empresa que actualmente capta por lo menos cien veces más de lo que captaba cinco años antes, época en la que se convirtió en una sociedad anónima, lo que sea que eso signifique en términos financieros.

Una administración equipada con profesionales más eficientes, sumada a un capital de inversión sobradamente mayor, son cosas que seguramente no puedo dejar de lado si voy a hablar del abrupto crecimiento de la compañía. Pero creo que nadie estaría dispuesto a negar que el gran acierto de los nuevos accionistas radicó en extender su campo de maniobras. Pues a partir de cierto momento la empresa, que dejó de llamarse los Montejo, ya no sólo se conformó con atender robos o desembarcos; sino que se arriesgó también a favorecer infidelidades, agilizar crímenes, justificar impuntualidades, facilitar encuentros o simplemente reconciliar a dos buenas amigas que habían dejado de serlo, como fue mi caso; que podría parecer insignificante pero seguro es suficiente como testimonio.

La pantalla siempre será a la medida del bolsillo del cliente. Sé de cosas tan insulsas como un concierto de Elton John, el primero y el único concierto de ese músico en la capital, para que la esposa del presidente dejara Palacio al menos hasta media noche. No estoy diciendo con esto que Elton John haga parte de la compañía, pues muchos músicos que terminan trabajado para ella ni siquiera saben de su existencia; basta con que haya el dinero para concretar a un productor de eventos, para aparecer en la radio a unas horas determinadas, para hacer que alguien compre cierto disco y se lo lleve a cierta persona que suele oír cierta música antes de la cena, basta con que esté el dinero para promocionar un disco en el lugar requerido, para cancelar un concierto y hasta para dar una serenata, como pretendían hacerlo los Montejo del comienzo. También hay que agregar que a estas alturas la compañía perjudica o beneficia a gente que ni ha contratado ni contratará jamás sus servicios, pues que yo sepa no hay nada que distinga sus canciones, sus artistas o sus eventos, de sus equivalentes en la vida normal, lo que sea que eso signifique.

Y eso es todo lo que he recopilado.

Me preguntan por qué acepté trabajar para la compañía. Bueno, la respuesta a esa pregunta podría limitarse a que necesito dinero; y estaría bien solo con eso sino fuera porque lo que voy a añadir no es una justificación moral sino una razón que surge al notar la afinidad entre su empresa (¿diré nuestra?) y mi propia forma de abordar las canciones. Mis canciones, como ustedes muy bien lo saben, vuelven una y otra vez sobre lo mismo. Con eso último me refiero a temas como la expropiación de uno mismo, o visto de otro modo, la dilución de mi pequeña vida en algo más grande que no entiendo pero que me permite vivir mejor, cosa que hago ahora mismo aceptando el cargo que ustedes, a través de un buen amigo, me ofrecieron.

¿Que si me siento mal? La respuesta es no, por qué habría de hacerlo, qué voy a saber yo si la causa para la que me presto acaba por ser buena o por ser mala. De hecho creo que ni ustedes mismos pueden dar cuenta de eso.

Anette

July 04, 2012  |  No Comments » Read More

Bajo la ciudad

Hace más de veinte años que Anette lanzó su primer álbum y con él esa canción triste y envejecida prematuramente que es Bajo la noche de esta ciudad. Cuando la oí por primera vez Anette todavía no sacaba su segundo álbum y recuerdo haber pensado que quizá como Bartleby, preferiría no hacerlo. Sentía la desnudez de la canción y casi me parecía un impudor, un acto demasiado cerca de sus propias circunstancias, una confesión cuya exhibición estaba compensada por la belleza de los violines y el corno inglés. Después, con la llegada del siguiente y de muchos otros trabajos, habría de volverme un habitual de esa extraña armazón que pone Anet casi siempre entre el espejo y la primera persona.

December 21, 2010  |  No Comments » Read More

Negando desde adentro

Aquí está lo que te prometí es un blues cabaretero que escasamente se mueve de si menor para cerrar sus estrofas en sol mayor. Bajo, piano y batería son tocados todos por Anette, que desde el año pasado ya se le ha venido viendo en los escenarios dada a la tarea de cantar y tocar a la vez la batería. La canción, desde la predominancia de su tonalidad menor y el golpe sincopado de su percusión, va del lamento a la rabia, y no lo hace mal.

December 01, 2010  |  No Comments » Read More