El Ingenioso Rigor de Cosimo Vitti

Dicen que las razones que lo motivaron a iniciarse en la música sólo las conoce Carmen Orrantia, su última mujer, quien, habiendo heredado los derechos de autor de más de cien canciones inéditas, se ha convertido en la mira de muchos empresarios rampantes.
Cosimo Vitti (née Cosimo Alfredo Lerula Vitti), hijo de inmigrantes italianos, nació en Asunción el día 13 de Agosto de 1929. Termina sus estudios de Arte en la Universidad de Buenos Aires y se radica en Bogotá donde oficia (de manera intermitente) hasta su muerte como catedrático de arte contemporáneo en la Universidad Nacional de Colombia. Desde 1970 empieza un trabajo crítico cuya agudeza e ingenio termina por sumarle a su criterio un peso que no alcanzó ningún otro judicial latinoamericano de las artes plásticas.
Bastaba su presencia o su ausencia en una exposición para arrojar un desmesurado descrédito o una inesperada y abrupta fisura en la supuestamente sólida reputación de un artista en auge. No es fácil establecer con precisión el día que decidió cambiar sus notas críticas por canciones; pero se sabe que sus primeros libros de armonía y cuadernos pentagramados fueron adquiridos a partir de 1992 en La parada de música, almacén bogotano provisto con el halo de exclusividad que le confiere haber sido el único proveedor que tuvo Cosimo Vitti para la ejecución de sus “dispositivos críticos tonales”.
La idea parecía sencilla, no así la ejecución. Cosimo Vitti había sido un hombre más bien indiferente a la música, de hecho, se sabe gracias a los cuadernos publicados por Carmen que en cierta fiesta en Nueva york, dada por un magnate de la cerveza sudafricana que había contratado a un Ken Vandermark todavía incipiente; dijo en medio de un interludio que “el modo, insidioso y ubicuo, como esa forma expresiva se imponía a la percepción, era más propio de la histeria estridulatoria de ciertos insectos veraniegos que de la tenida por más perfecta de todas las artes.” Y que “nunca en su vida una escultura o un cuadro o un libro le había online casino obligado a mantener sus ojos puestos sobre ellos sin previamente surtir su efecto de encantamiento”.
El hecho es que menos de tres años después de ese incidente se le vio encerrado en el estudio del pintor guatemalteco Fabio Garza, tomando literalmente notas musicales sobre un cuaderno pentagramado como si fuera su habitual cuadernillo de críticas. Así fue que Fabio Garza se convirtió en el primer pintor del mundo en recibir una canción-crítica. El proyecto de Cosimo Vitti consistía en tener prolongados encuentros íntimos con obras que él llamaba de alto vuelo, en los cuales se dedicaba a traducir sus impresiones en colecciones de acordes a los que, secretamente, había asignado una de las muchas palabras del tipo “desmesurado” “rebozante” “insuficiente granulado” “luminoso restante” “ardua completitud” “reciprocicante”, “luz mascullante -luz” “negro-mascullante-negro” , entre otras marcas de autor que ya habían ganado su lugar y su copia rebajada en las revistas de arte del continente.
Las canciones eran interpretadas en las mismas galerías donde las obras eran expuestas. Como se negó rotundamente a interpretarlas él mismo, alegando una deficiente técnica para el piano, las interpretaba David Raigada, el autor de A la montaña y de cierto escándalo por incumplimiento de términos con su disquera. Al principio sus conciertos, sin importar la peculiar calidad de la música, terminaban enalteciendo la calidad del artista, cosa que nunca sabremos hasta donde iba de la mano con la apreciación que verdaderamente había causado la obra en el señor Vitti. Con el tiempo, las exposiciones empezaron a poblarse de académicos de la música que aseguraban que cierta séptima hablaba de falta de resolución en los trazos o que cierto acorde disonante puesto así de abrupto no podía sino hablar de una impresión malograda y desagradable. A partir de este momento fue que empezaron a darse las indemnizaciones. Más de diez pintores recibieron paquetes llenos de dólares (equivalentes a la suma que había cobrado Vitti por sus críticas canciones) luego de haber recibido un crítica desfavorable certificada por todos los entendidos menos el propio autor.
Es un misterio y resulta absurdo tratar de adivinar la razón que lo hacía preferir una anulación transaccional a simplemente abrir la boca y decir lo que francamente pensaba. Algunos pintores (al menos el valor de sus obras) nunca se repusieron a los devastadores efectos de la ambigüedad de sus canciones-críticas.
Su muerte fue fulminante. Cayó súbitamente de su propia altura mientras Benjamín Ostra (integrante del taller) le servía una copa de vino tino que terminó haciendo que la escena pareciera un asesinato para cualquiera que hubiera llegado después de ocurrido el fatídico evento cerebro vascular. Los numerosos militantes de La sinalefa todavía conservan el croquis de un Vitti bruscamente aterrizado con la inscripción adentro que dice prohibido pisar.

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