Taxco

Algunos opinan que la música merece la misma paciencia que se tiene frente a otras formas de arte. Así como se tiene la disposición para ir a un museo y se hace el intento de apreciar una obra plástica, debería también ser menos autocomplaciente el acercamiento a una canción; poder oírla sin medirla por el placer que nos genera y aproximarnos a ella con un interés más conceptual, menos visceral. Otros piensan que ese argumento es un sofisma, que la música, debido a la naturaleza del sistema sensorial acústico, surte un efecto corporal con una inmediatez que ningún otro arte tiene. Otras formas de arte están lejos de causar un dolor de cabeza o una indigestión con la misma eficacia con que ciertos ruidos lo hacen, y por lo tanto, el valor de una canción no se puede desligar de su efecto corporal… Lo cierto es que, a primera oída, la línea entre quienes construyen su propuesta en un formato difícil y quienes simplemente enturbian el agua para que parezca más profunda tiende a difuminarse. En varias ocasiones prevalece la sensación de que no vale la pena tomarse ese trabajo visceral, que no necesitamos al arte para que nos enseñe a comprender la indigestión.

El último álbum de Gustave Johnson, segunda entrega después de abandonar la banda de folk-punk No Slanted, es un ejemplo de formato difícil, de propuesta cuya apreciación no puede hacerse inmediata, sobretodo si quien la oye está habituado a los numerosos géneros que la conforman. Sin embargo, con algo de paciencia, demuestra al cuerpo que hay placeres que merecen ser aprendidos. En este álbum nos encontramos con un Johnson caprichoso, impredecible, que juega a poner pistas falsas del mismo modo que un artesano del rompecabezas juega con los tipos de corte y los tonos de las fichas; que nos hace confundir la tonalidad mate amarillo pálido de una pantorrilla de bailarina, con la misma tonalidad un poco menos mate y de cortes con encajes complementarios, de otra región del rompecabezas que corresponde realmente al centro de una mesa de madera sobre el que cae la luz de una bombilla.

Una canción de apertura como Taxco, que todo el tiempo toma rumbos insospechados, demuestra que la digresión es más bien un efecto del conocimiento que tenemos de los estilos, de lo que esperamos de ellos, y que en el fondo, el relato de la canción tiene un metrónomo propio que se sirve de viejas fórmulas para construir una lógica de la inconstancia. Al inicio de la canción, se oye un estribillo melodioso muy similar al del comienzo de She Said, She Said de los Beatles; súbitamente los instrumentos se van y queda la voz sola, a lo que entra una guitarra distorsionada que recuerda Anarchy in the UK de Sex Pistols, la percusión entra con perfil de plataforma y el fuzz de la guitarra le da paso a un bajo que nos hace sentir como si estuviéramos en Call The doctor de J.J. Cale, sólo que esta vez entra una guitarra acústica y a través de esta se vuelve al estribillo que se parece a She said, She said.

No es suficiente decir que Taxco es un pastiche, las referencias son tan claras que más valdría hablar de guiño que de plagio o pretensión de novedad. Además, la elección de los géneros y su disposición parecen más una consecuencia del tema tratado que una mala asimilación de influencias. Taxco canta la historia de un transexual que fracasa en su apuesta de ser estrella de rock y, al extravagante relato, la música le presta una atmosfera sucia, una deriva tortuosa que termina justo por donde empieza.

She said, She said:

Anarchy in the UK, The Sex Pistols:

Call the Doctor, J.J. Cale:

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