En Objetos que suben, tras esperar cinco minutos después del aparente final del disco, se encuentra una canción escondida de una música que suena como a pista reproducida al revés: ruidos aspirados, melodías con giros abruptos, y un extraño comportamiento del volumen que empieza mostrando las notas por lo suave y despareciéndolas en los puntos más intensos. Sobre esta música, una tras otra, se oyen samples de frases, cada una con fondos y registros distintos. Estas frases intentan perfilar una conversación del mismo modo que en un collage hace coincidir miradas gracias a cierta disposición de los recortes.
La razón para que una banda como llamadas de la víspera, tan devota del grunge, incluyera una canción así en un disco en el que aún no se inclinaban por la experimentación, se explica por el mismo inconveniente que les hizo interrumpir la gira de los parques:
En marzo del 95, su baterista, Espinoza, tomaba una cerveza en el segundo piso de un bar de ciudad de México, de pronto su mano soltó la botella y esta fue a caer justo en el hombro de una mujer que andaba abajo en la barra. La mujer sufrió una fractura en su clavícula y una herida en su hombro izquierdo, se trataba de Isabel Otero, que por aquél entonces recién terminaba su primer largometraje: La torcacita. Fueron juntos al hospital y después de varias horas, cuando estuvo lista Isabel, Espinoza encontró dificultades al levantarse y decidió someterse también a una revisión. Horas después le diagnosticarían un Síndrome de Guillain-Barré, trastorno en el que se pierde totalmente la fuerza muscular de modo transitorio. Espinoza estuvo cerca de un mes hospitalizado y al salir duraría aún varios meses antes de poder tocar la batería. Cuenta en una entrevista del 99 hecha por los Inrockuptibles: ”…fui recuperando mis fuerzas, pero era como si mis brazos y mis piernas hubieran olvidado cómo hacerlo (tocar la batería), pensé que era el fin, no íbamos a convertirnos en la Stephen Hawking`s lonely hearts club band…”. No sintiéndose capaz de tocar ningún otro instrumento aprendió a secuenciar y a samplear. Por ese entonces surgieron presiones económicas que obligaban a la banda a grabar un nuevo disco. Durante la gira habían compuesto canciones suficientes; sin embargo, Espinoza seguía convaleciente y no estaban dispuestos a utilizar percusiones programadas como había sugerido su casa disquera; así que costearon ellos mismos los honorarios de “El jironés”, integrante de “Tacto Acartonado”, quien según los créditos toca la batería en todas las canciones del álbum. Adicionalmente, Espinoza pidió a la banda incluir en el álbum, como canción escondida, una síntesis de sus incursiones en los medios electrónicos. La canción fue hecha, en algo que Espinoza llamo una muestra de imparcialidad, reproduciendo al revés extractos de su banda menos querida[i], las voces son fracciones de diálogos tomados de “la torcacita”, cortesía de Isabel, para quién Espinoza habría de hacer la banda sonora de su siguiente película. Al final se oye la voz de Miguel (personaje de la torcacita) en esa ruinosa tarde del desierto peruano:
¿Y se sofríen como tomates comunes?
[i] En la misma entrevista ya mencionada hecha por los Inrockuptibles se le preguntó a Espinoza por algunas bandas y a cada nombre él iba negando. Al nombre de Maná, no dijo ni sí ni no.

