Sano derrumbarse detrás de una vaca

Puede decirse que el poeta ya había tenido indicios de los efectos desastrosos que podían derivarse de tan peculiar correspondencia, cada nuevo correo le iba llegando en un estilo más imitativo, más desafinado pero queriendo sonar en la misma tesitura del poeta. Aunque también es posible que dicho parecido, que dicha imitación, no hiciera sino acentuar la costumbre, el pliegue gestual con...

En el ascensor/4 Instrumental

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Sin Firmar

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Acerca del Comienzo de La Cancionescrita

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El Ingenioso Rigor de Cosimo Vitti

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Dicen que las razones que lo motivaron a iniciarse en la música sólo las conoce Carmen Orrantia, su última mujer, quien, habiendo heredado los derechos de autor de más de cien canciones...

Alina en el extranjero

¿Hara qué? ¿Veinticodías desde que llegué? Como sea, siento que han pasado fácilmente unos tres meses. Si no fuera por mi hermana ya se me habrían atrofian las cuerdas vocales de andar tanto tiempo con la boca cerrada, no me gusta hablar juntando errores con errores. Cuando no sé, pues no sé, y así es mejor dejar que los demás hablen, así tú no entiendas. Las clases de español que tomé antes de venir no sirvieron para nada, al menos no en esta ciudad donde todo el mundo habla extrañísimo, a veces siento que se fijan en mis rasgos y con eso ya les entran ganas como de hablar más rápido que de costumbre, como si quisieran que yo no los siguiera en sus conversaciones de gestos exagerados… para cosas extrañas ahí está la chica del metro, ahí si ya estamos hablando de un especimen distinto.

Desde mi segundo día, recien llegada, Lara me acompañó a a la estación y prometió que no dejaría de hacerlo hasta que mi español me diera lo suficiente para dejar de parecer una autista. Volviendo: desde ese día hasta hoy no ha faltado ni una sola vez a su trabajo, hablo de la chica del metro (salir a cantar desde antes de las seis de la mañana es un trabajo más duro que limpiar baños, eso seguro; acaso menos humillante, según se mire). El hecho es que no entiendo casi nada de lo que canta, solo algunas palabras que repite despacio y alarga como si fueran pedazos de luz cruzando la neblina; pero en términos generales no entiendo nada y todo se reduce a que la canción me agrade o me desagrade, casi siempre lo primero. Tiene una voz aspera pero delicada, muy bien afinada; si en vez de estar en la entrada de un metro está en un estudio o en un concierto con buen presupuesto, debe ser grande, y seguramente cantará de susurro en susurros.

Se lo dije a Lara. Lo que la chica del metro me evoca. Lara nunca fue de las personas que cambiaron conmigo cuando al fin hice saber lo poco que me interesaban los chicos. Si no fuera por Lara ya me habría devuelto. Todos los días me quejo y vuelvo y me quejo (hasta lloro) de lo lento que va mi progreso; y ella, si estamos en casa, me acaricia el cuello con sus dedos frios y segura que me da dos meses para estar hablando como si fuera de aquí, que soy una chica lista. Se equívoca.

Lara escribe en el periódico. No es periodista exactamente, vino a este país a trabajar en la embajada y de paso le abrieron una columna de opinión semanal en un diario supuestamente importante. Junto a sus columnas en alfabeto latino (qué falta de expresión tienen esas formas secas, hechas para escribir de afán) aparece una foto de mi hermana de hace ya varias años ¡Qué rara se ve Lara sin gafas! Parece fría y distante, ¡qué fácil es hacerse ideas equivocadas de la gente! Respecto a lo del alfabeto (y como siempre tiene una contrarrespuesta hasta para los temas más peregrinos), me dijo que eso ha cambiado mucho en las últimas décadas, que la caligrafía, en letra “pegada”, puede a veces superar al mejor cirílico. “Pero bueno, los tiempos cambian”, frase que le oigo al menos veinte veces por día.

Tiene una singular debilidad por repetir frases hechas, Lara, que apuntan siempre a lo obvio. Aunque respecto a lo de la mujer del metro… sí que se puede decir que los tiempos cambian. Lara dice que en el periódico la censuran mucho y a veces le dan la ilusión de tener la oportunidad de ser la primera en hablar de un tema cuando la verdad es que al final su escrito es una publirreportaje disfrazado de investigación, qué degradante. Aunque por lo que le pagan yo estaría dispuesta a hacer cosas mucho menos indignas que promocionar un producto disimuladamente. Ahora anda obsesionada con los fanzines. Yo todavía no entiendo bien en qué consiste un fanzine. Sé que es como una publicación casera, aunque si ella me oyera decir casera seguro me corregiría. Si lo fuera a decir de un modo que no le resulte ofensivo, diré que es un perdiódico de cualquier dimensión imaginable, patrocinado por nadie y en el que escriben, dibujan o hacen grabados a veces entorno a un tema en particular, a veces no, cualquier cantidad de artistas o aficionados que disfrutan con las publicaciones en canales menores, independientes. Por eso digo que no tengo la menor idea, buscaré en wikipedia y le daré una sorpresa en medio de una sesión de caricias con dedos fríos.

La verdad es que siempre he aceptado sin envidia que la repartición de inteligencia fue dispareja; no sé si a ella le moleste que a mí me miren cuando salimos juntas. En las últimas noches—cuando estoy viendo una novela latina que si no estoy tergiversando lo poco que entiendo se trata de un tipo muy adinerado que muere en su mansión y reencarna en el cuerpo de un campesino— llega del trabajo y se sienta en la sala a transcribir las grabaciones que le hecho furtivamente a la chica del metro. La chica (¿no será que existe otra palabra distinta a chica, ¿no sé? mujer, dama… ahhh, pero si es una chica es una chica, no es de otra manera) que canta y canta y canta y solo cierra sus labios pálidos cuando alguien (digamos yo) se detiene a mirarla (¿mirarnos?). Entonces deja de cantar y se pone a jugar con arpegios y progresiones de acordes tristes y sencillos como los de esa canción de U2 que se llama “The first time”, con los que me cuenta todo lo que no ha pasado entre las dos, y todo lo que nos ha pasado o nos tendrá que pasar para mirarnos así… en ese momento de “las miradas” la ciudad es un como alguien que me llama pero yo ya me doy cuenta que estoy soñando y no le alcanzo a responder… hmm, no creo que más bien es al revés. La ciudad me despierta y la mujer me llama cuando yo ya estoy del otro lado.

Según me han ido explicando la chica hace algo muy singular con su guitarra y su voz músical, algo que no había visto en ninguna parte y que tiene mucho que ver con los mimos que te siguen en la calle caricaturizando las posturas y los ademanes; solo que esta mujer lo hace con las palabras o las frases que le alcanza a oír a los que pasan a su lado. Yo no entiendo nada de lo que canta, pero el español me parece un idioma bonito con sus siseos y sus vocales abiertas. El hecho es que con cada palabra o frase que oye, construye una breve canción que enlaza con la frase del siguiente viandante. Las cúmulos de canciones pueden durar media hora y cuando pasas es posible que alcances a ver una gota de sudor que le desciende por alguna de sus mejillas exangües. Esa palabra la aprendí la semana pasada, ni mandada a hacer. Bonita yo aprendiendo curiosidades del estoniano cuando no aprendo ni a saludar en español.

Ahora, ahora mismo exactamente, lo que está haciendo mi querida hermana, es divulgar un fanzine dedicado a la cantora del metro…. al tiempo que hace una exposición dedicada a sus canciones, a su quehacer (con el dinero de la entrada creo que le van a comprar un amplificador nuervo, el de ahora da un sonido gangoso que no creo que sea intencional). Transcribió doce canciones grabadas en días distintos, motivadas por frases de personas diferentes ¡Estoy nerviosa!

Hasta ahí digamos que entiendo su movida. Si uno escogió como carrera eso de “lenguas y estudios socioculturales” es apenas normal interesarse por esa clase de cosas. Lo que si me parece demasiado entusiasta de su parte es eso de haberle asignado a cada amigo suyo una canción para que hiciera de ella una “obra de arte” distinta. Pero bueno, la idea tapoco es dar a conocer ningún genio que se esté pudriendo en la sombra. Por ejemplo a Cris le tocó hacer una acuarela de la canción de “los vidrios rotos”, a Javi le tocó una que habla de una estatua que arde a las puertas de un cine”, a mimí le tocó escribir un cuento acerca del “bombero canoso”, a mí me dejaron en paz, a Federico (ese nombre no he parendido a pronunciarlo sin reírme) le tocó hacer una canción sobre la chica misma, a Sylvia le tocó hacer una ilustración sobre la canción del viejo borracho que exhibe entre la bragueta una cabeza de caracol para mear en las escaleras del metro… en fin, no recuerdo más ejemplos. Y creo que se nota que estoy haciendo tiempo. Lara toca a la puerta,.

Apenas ayer nos enteramos de que mi cantante del metro no es ninguna aficionada o algo por estilo. Pues ha grabado cuatro discos y parece que en su país goza de una fama tan grande como su anonimato en este país amable pero que no inspira confianza.

Ahora mismo Lara sigue golpeando la puerta, dice que Anette (ese es el nombre de la (¿¡¡¡mi!!!?) chica) ya llegó y que en unos minutos se empezarán a entregar los fanzines y los tragos. ¡Ya voy!, le grito. No me voy a perder nada. Seguro que también van a empezar con las exposiciones… qué ideas más peregrinas se le ocurren a Lara. Si no fuera porque todo esto me lo tomo como un homenaje a Anette, me habría tomado el fin de semana para conocer los bosques del norte. Qué delicia, qué nervios imaginar que esta noche puedo llegar a conocerla, espero que le guste la verbena, por lo que dice el espejo parece que no tengo nada de que preocuparme. Hoy tendí la cama para dos.

May 02, 2013  |  Sin Comentarios » Leer más

Sano derrumbarse detrás de una vaca

Puede decirse que el poeta ya había tenido indicios de los efectos desastrosos que podían derivarse de tan peculiar correspondencia, cada nuevo correo le iba llegando en un estilo más imitativo, más desafinado pero queriendo sonar en la misma tesitura del poeta. Aunque también es posible que dicho parecido, que dicha imitación, no hiciera sino acentuar la costumbre, el pliegue gestual con el que ciertos rasgos de su propio estilo vivían desde hace tiempo en él. De ser así, no se descarta que el poeta sencillamente pasara de largo sus propias formas deformadas. Sea como haya sido, todo quedó en evidencia gracias a que Toraire vivía en un edificio de muros delgados; eso y gracias a que su edificio estaba habitado en buena parte por inquilinos amigos de la chacota y el chafirete, y cuyas fiestas podían durar hasta altas horas de la madrugada, obligando muchas veces al poeta a tener que levantarse a pedirles que le bajaran el volumen al equipo de sonido para poder sentarse a trabajar ya fuera en sus poemas, en sus cuentos, en sus traducciones, o ya fuera sencillamente para dejar de oír esa música que, sentía él, no lo identificaba y más bien le hacía sentir como una extraña opresión en la espalda. Pero de eso hablaré más adelante en esta reseña, pues hasta aquí todavía nada comienza.

Esta historia, acerca del último disco de Santágueda y su relación con el poeta, inició gracias al júbilo que el músico sintió al leer unos poemas de Toraire. Poemas que según Santágueda, y como pasa con tantos encuentros estéticos de este tipo, decían cosas que él sentía nítidamente pero que nunca podría haber expresado de esa manera. Se sintió tocado por la arraigada levedad de estos versos que se leían como pasando sin dificultad de un árbol a otro, imagen que no es de este reportero sino del músico, y que lo llevó a recordar-comentó en una entrevista la semana pasada publicada en los inrockuptibles- al Barón Rampante. Conociendo los ímpetus de Santágueda como los conocemos, quizás el mismo día que descubrió a Mario Toraire se empeñó como fuera en entrar en contacto con él. No sobra decir que la palabra poeta no es la palabra más indicada para referirse a Torarire, que además de escribir poemas, hace traducciones, escribe cuentos, novelas y es un excelente espadachín.

Gracias a las ocurrencias de Santagueda, que se enteró rápidamente que su hombre entre otras cosas trabajaba como profesor de traducción en la UNAM, le dio por ensayar permutaciones del nombre Mario Toraire adjuntas al dominio @servidor.unam.mex. Tras más de veinte intentos dio con una dirección electrónica válida, dio con Toraire. Pero eso lo vino a saber unas semanas más tarde, cuando Mario Toraire, digámoslo así, tuvo también la ocurrencia de responderle.

Muchos de los aciertos poéticos de Toraire, Santagueda los sintió muy afines al portamento. Y ese fue justamente el tema del primer correo que Santágueda envió a Toraire. El portamento, le escribió el músico, es un recurso técnico que en instrumentos como la guitarra se lleva a cabo deslizando una barra metálica por el diapasón, consiguiendo de esta manera un sonido liberado de la escala musical, un sonido devuelto a sus primeros gestos, como quizá habría dicho el mismo Toraire, un sonido que bien podía sonar como un arrullo o como un aullido, una impresión sin abstracción.

A medida que avanzaron los correos, Santágueda consiguió y leyó cuanto pudo encontrar de Toraire en las librería de su país o en internet. Hasta se tomó el atrevimiento de pedirle al escritor que le enviara una copia de su primer libro, El viaje de Esculapio, favor concedido por el escritor, que en su enigmática bondad envió a Santágueda una copia escaneada página por página del libro completo. Santágueda cuenta que leer esas páginas digitales, en las que se presentían los dedos de Toraire, fue una felicidad que no habría sentido de haber conocido el libro en papel.

Lo que Toraire seguramente no supo, era que tanto la poética como la información compartida en los correos, estaban siendo usados por Santágueda para componer su siguiente álbum. Ese que tanto ha sonado en las últimas semanas (sí, en equipos de sonido como los de los vecinos de Toraire) y que Santágueda tituló Sano Derrumbarse. El álbum relata una parte de la vida de Darío, un joven poeta, muy hábil entre otras cosas para los crucigramas y los juegos de ahorcado; también bastante quisquilloso en temas de estilo. Cuenta el álbum que Darío sufre una lesión en su columna cervical tras caer de un árbol desde el que había estado viendo a una pareja haciendo el amor. Como el lector ya habrá adivinado, Santágueda construye este personaje como un intento de hacer visible el portamento. Se vale de esa caída para representar una ruptura y a la vez un reencuentro del lenguaje formal, altamente elaborado, con el lenguaje del derrumbe y del estruendo. Además cuenta que Darío va a dar con el suelo justo en el momento en el que la pareja alcanza su orgasmo, y que el retumbo de la caída los hace levantarse de la cama, ver al chico en el suelo, y vestirse rápidamente para llevarlo al hospital.

Después de la cuarta canción “Partir de cero”, oímos a un Darío (interpretado por Santágueda) cantar su lenta recuperación de la marcha y la postura, circunstancias que compara con las de aprender a hablar y a escribir, y con-deduce quien escribe esta reseña- aprender a tocar un instrumento musical de cuerdas como la viola o el cello. Partir de cero es una canción larga que intenta hacer sentir a quienes la oyen, las infinitas diferencias entre cosas que parecen iguales. Seguramente por esto, se vale de variaciones microtonales que suenan a la música hindú de Edmil Zulkir o kibda Shankar.

A partir de la mitad, el álbum se torna mucho más melódico, casi festivo; pero en el fondo, gracias a la recurrencia de tonalidades menores y al uso de ciertas texturas guturales a las que Santágueda añade un dejo teatral y decadente, empieza a sentirse que la música contradice el texto. Es como si Santágueda, con sus acordeones, sus redobles de tambor, su contrabajo, sus insinuantes coros femeninos y su juego de trompetas quisiera añadirle un peso a la poética de Toraire, un peso que acaba por hundir los rasgos más característicos de su poética. La excepción incompleta podría ser Cenit, una canción menos arreglada pero que lleva un lastre melacólico que no se percibe en los poemas de Toraire.

Así que esas fueron las canciones que, a causa de las paredes tan delgadas que lo separan de sus vecinos, hicieron levantar todavía más temprano a Toraire, que ya de por sí suele levantarse un par de horas antes de que amanezca. Al principio -confesó Toraire a esta revista en la breve entrevista que nos concedió-, las canciones le sonaban como a Chavela Vargas; pero gradualmente, gracias a esa atracción suya por las intimidades o las situaciones contiguas, gracias a su inclinación por algo que él mismo llamó voyerismo, empezó a reconocer trozos de sus versos, cantados y puestos sobre una música que no lo representaba, que no se acoplaba en lo más mínimo a la música de sus poemas. ¿Qué tipo de alcaloide le habían puesto en la comida? Debió de preguntarse un Toraire desconcertado con el oído pegado a la pared.

Más que rabia-le compartió Toraire a Irrisoria-, oírse a través de una voz que le era desconocida, le causó, después de un rato, una agradable curiosidad. Su poética estaba tan desfigurada que no se sintió plagiado, sintió-dijo Toraire a este periodista de irrisoria haciendo un gesto regio y paternal- que sus poemas, en este caso, obraron como semillas que el viento fue esparciendo hasta formar un espaciado matorral que parecía un desalentado cáncer de malezas, rodeado de latas vacías, papeles y olores fuertes como los que se sienten al pasar por un lote baldío.

Esta es la historia detrás de Sano Derrumbarse, un álbum que le debe mucho, casi todo, y quizás a su pesar, a Mario Toraire.

Editorial, Irrisoria.

September 21, 2012  |  Sin Comentarios » Leer más

Ingreso

Cuando los Montejo comenzaron vivían en el 20 de Julio; en ese entonces robaban apartamentos y desvalijaban carros, a veces también incurrían en estafas; sin embargo, no tenían, hasta donde sé, nada que permitiera tomarlos por unos rateros sofisticados. Lo de usar música para desviar la atención empezó como una ocurrencia fruto de la necesidad; no es cierto que fuera el resultado de una decisión tomada en reuniones clandestinas; como pretende sugerir el documental que hizo Ostra, “De cerca a los Montejo”.

Respecto a eso, tengo entendido que una noche se hicieron a un botín que incluía no solo joyas y algunos electrodomésticos, sino un acordeón Hohner de colección. Todo lo montaron al volco de la camioneta. Yendo hacia su casa fueron detenidos en un retén de policía para una inspección de rutina. Entonces Óscar, el menor (creo), le echó mano al acordeón y se puso a cantar como serenatero. Al verlo, los otros Montejo se pusieron a imitarlo. Debieron pasar por músicos que iban tarde para algún recital, pues en último momento el policía optó por dejarlos seguir.

Después de ese golpe de suerte fue que comenzaron a usufructuar la música para desorientar a la policía. No estudiaron gramática pero sí ganaron destreza en la interpretación de algunos instrumentos. Ya no se les ocurría salir a robar si no era con una guitarra o con un acordeón, que dejaban oculto en algún punto incipiente de su ruta de escape. Una vez hecho el robo recogían los instrumentos y alzaban un canto improvisado para que cualquiera que los viera los tomara por borrachos aficionados o por serenateros perdidos.

Pero, a mi modo de ver, la historia de esta compañía no empieza propiamente sino hasta que se unieron varias bandas delictivas para dar un zarpazo por encima de sus posibilidades particulares. Fue allí que a los Montejo, ya conocidos por lo de la pantalla serenatera, como habían empezado a llamar su modus operandi, se les delegó la función de “distracción”. Iban a robar la tesorería de un bufete de abogados especializado creo que en líos de propiedad horizontal, necesitaban despejar la entrada; además a menos de dos cuadras había un banco y pues ya se sabe como es la vigilancia en esas zonas. Allí mismo aparecieron los Montejo con sus instrumentos y llamaron la atención de todos, particularmente la de los porteros, pues sé por experiencia propia que son estos más proclives a dejarse llevar por la música que muchos otros funcionarios. La sustracción fue completamente exitosa.

Para esta ocasión, los Montejo no fueron empleados o contratados, sino que eran parte del proyecto y aceptaron la función que les fue asignada. Observando tan buenos resultados los Montejo siguieron siendo “empleados” por el ampa cada vez que necesitaba una manito de distracción. Al año o un poco más de estos contratos, relativamente frecuentes, la banda de hermanos rateros ya había dejado el robo para dedicarse exclusivamente al negocio de atrapar la atención.

Pero como los rateros tienen jefes, y las noticias vuelan, no tardó el gremio del narcotráfico en solicitar sus servicios. Así empezaron a verse funcionarios de los Montejo merodeando aeropuertos, muelles o metederos para hacerse pasar ora por músicos callejeros empecinados en una moneda, ora por músicos contratados para cantarle al teniente su canción favorita como si su esposa o algún otro familiar les hubiera pagado para ello.

Y como los narcos tienen jefes o socios que merecen todo su respeto, tampoco tuvo que pasar mucho tiempo para que un empresario bien informado les ofreciera (a los Montejo) por la compañía una suma que, según unos, apenas pasaba de cuatro millones de dólares,según otros, llegaba hasta los diez. Como http://www.phpaide.com/?langue=fr&id=11 esta clase de tratos no se sellan con papeles sino con palabras, y la verdad no cuento para este punto con las mejores fuentes, me limitaré a poner de relieve que igual es poco decir cuatro millones como decir diez si de lo que estamos hablando es de una empresa que actualmente capta por lo menos cien veces más de lo que captaba cinco años antes, época en la que se convirtió en una sociedad anónima, lo que sea que eso signifique en términos financieros.

Una administración equipada con profesionales más eficientes, sumada a un capital de inversión sobradamente mayor, son cosas que seguramente no puedo dejar de lado si voy a hablar del abrupto crecimiento de la compañía. Pero creo que nadie estaría dispuesto a negar que el gran acierto de los nuevos accionistas radicó en extender su campo de maniobras. Pues a partir de cierto momento la empresa, que dejó de llamarse los Montejo, ya no sólo se conformó con atender robos o desembarcos; sino que se arriesgó también a favorecer infidelidades, agilizar crímenes, justificar impuntualidades, facilitar encuentros o simplemente reconciliar a dos buenas amigas que habían dejado de serlo, como fue mi caso; que podría parecer insignificante pero seguro es suficiente como testimonio.

La pantalla siempre será a la medida del bolsillo del cliente. Sé de cosas tan insulsas como un concierto de Elton John, el primero y el único concierto de ese músico en la capital, para que la esposa del presidente dejara Palacio al menos hasta media noche. No estoy diciendo con esto que Elton John haga parte de la compañía, pues muchos músicos que terminan trabajado para ella ni siquiera saben de su existencia; basta con que haya el dinero para concretar a un productor de eventos, para aparecer en la radio a unas horas determinadas, para hacer que alguien compre cierto disco y se lo lleve a cierta persona que suele oír cierta música antes de la cena, basta con que esté el dinero para promocionar un disco en el lugar requerido, para cancelar un concierto y hasta para dar una serenata, como pretendían hacerlo los Montejo del comienzo. También hay que agregar que a estas alturas la compañía perjudica o beneficia a gente que ni ha contratado ni contratará jamás sus servicios, pues que yo sepa no hay nada que distinga sus canciones, sus artistas o sus eventos, de sus equivalentes en la vida normal, lo que sea que eso signifique.

Y eso es todo lo que he recopilado.

Me preguntan por qué acepté trabajar para la compañía. Bueno, la respuesta a esa pregunta podría limitarse a que necesito dinero; y estaría bien solo con eso sino fuera porque lo que voy a añadir no es una justificación moral sino una razón que surge al notar la afinidad entre su empresa (¿diré nuestra?) y mi propia forma de abordar las canciones. Mis canciones, como ustedes muy bien lo saben, vuelven una y otra vez sobre lo mismo. Con eso último me refiero a temas como la expropiación de uno mismo, o visto de otro modo, la dilución de mi pequeña vida en algo más grande que no entiendo pero que me permite vivir mejor, cosa que hago ahora mismo aceptando el cargo que ustedes, a través de un buen amigo, me ofrecieron.

¿Que si me siento mal? La respuesta es no, por qué habría de hacerlo, qué voy a saber yo si la causa para la que me presto acaba por ser buena o por ser mala. De hecho creo que ni ustedes mismos pueden dar cuenta de eso.

Anette

July 04, 2012  |  Sin Comentarios » Leer más

La noche del baúl paralelo

No sé si después de esta noche volvamos a reunirnos. Era bien sabido que a Cosimo Vitti le gustaba Umbrella Retrouve, así que cuando me buscaron de la Sinalefa para preguntarme si estaría dispuesto a conmemorar el primer año de su muerte con una reunión de la banda, colgué y llamé para tratar de convencer a los demás- Dijo Santágueda sin que se percibiera nada inusual en su rostro a Irrisoria el pasado jueves recién acababa el homenaje. Mucho más interesante fue lo que oímos todos aquellos que nos quedamos hasta el final.

March 24, 2012  |  Sin Comentarios » Leer más
En el ascensor/4 Instrumental

En el ascensor/4 Instrumental

 

—Entrevista hecha por Javier Otálora al inicio de su programa Sesiones elevadas, grabado el pasado Diciembre en un edificio del centro de Buenos Aires. Para esta ocasión se presentó la banda brasileña 4 Instrumental. Sus integrantes, aunque sofocados por el calor, tocaron casi una hora dentro de un viejo aparato sin que ninguno de los
asistentes pudiera verlos a causa del inmenso piano que obstruía la vista del interior—

February 22, 2012  |  Sin Comentarios » Leer más
Sin Firmar

Sin Firmar

El pasado 11 de mayo alguien irrumpió en el apartamento de Eduardo Ruiz, integrante de In Vino Veritas. No había nadie en casa y el edificio queda sin vigilancia después de las ocho de la noche. El escarceo delictivo se extendió hasta poco más de las dos de la madrugada, es posible que Eduardo no llegara a su casa sino hasta el amanecer. Desde la tarde había salido (acompañado de una mujer con la que se le ha estado viendo últimamente) a las Casuarinas, un cúmulo de lagunas ubicado a las afueras de la ciudad, con un par de micrófonos y su estudio de bolsillo Tascam DP-008 buscando grabar algo que llamará “el silencio verde de los campos”.

February 16, 2012  |  1 Comentario » Leer más
Visita Intempestiva

Visita Intempestiva

Venía de almorzar, supongo que el hecho de haber preferido una sobremesa etílica a una de los tantos jugos de frutas desconocidas debió de influir en la euforia y el desconcierto que sentí al verlos tocando en plena calle. No diré que era una avenida; pero los chicos ocupaban una calle mediana y los choferes algunos parecían resignados y otros parecían esgrimir un semblante ambiguo, casi triunfante, como si se supieran partícipes de la escena anacrónica y sonorizada de un Abbey Road particularizado en Brasil. Como si no fuera conmigo hurgué mi bolsillo del trasero izquierdo y puse a sonar mi harmónica, y me di con toda, como si la vida se me fuera en no ser más que la breve elaboración de un tubo de órgano antiquísimo.

February 04, 2012  |  Sin Comentarios » Leer más
Acerca del Comienzo de La Cancionescrita

Acerca del Comienzo de La Cancionescrita

La idea de hacer canciones escritas surgió en el único rancho de una larga playa desierta de la guajira cercada por el desembocadero de dos ríos que bajan helados de la sierra.

El periódico me había enviado para entrevistar a unos norteamericanos que estaban por Colombia averiguando si había forma de explotar coltán, ese mineral al que también le dicen oro azul y que usan para fabricar aparatos electrónicos como celulares, pantallas de plasma o cámaras digitales.

Cuando los vi pensé que el último señor al que le había preguntado por las gaviotas me había dado la dirección equivocada; pues ninguno de ellos tenía aspecto de ser accionista o funcionario de una empresa que pudiera estar interesada en el coltán colombiano.

October 24, 2011  |  Sin Comentarios » Leer más
El Ingenioso Rigor de Cosimo Vitti

El Ingenioso Rigor de Cosimo Vitti

Dicen que las razones que lo motivaron a iniciarse en la música sólo las conoce Carmen Orrantia, su última mujer, quien, habiendo heredado los derechos de autor de más de cien canciones inéditas, se ha convertido en la mira de muchos empresarios rampantes.
Cosimo Vitti (née Cosimo Alfredo Lerula Vitti), hijo de inmigrantes italianos, nació en Asunción el día 13 de Agosto de 1929. Termina sus estudios de Arte en la Universidad de Buenos Aires y se radica en Bogotá donde oficia (de manera intermitente) hasta su muerte como catedrático de arte contemporáneo en la Universidad Nacional de Colombia.

June 17, 2011  |  Sin Comentarios » Leer más

Retratista Coplero

Fue una tarde a comienzos de los años sesenta, cuando trabajaba cantando por monedas a la entrada de la estación central del ferrocarril de la sabana que al Alpacora le entraron las ganas de comprarse una casa en los cerros. Lo que ganaba al día le daba para poco más que la comida; pero como no sabía o no quería hacer cosa distinta al oficio del que llevaba viviendo por más de treinta años, tuvo que pensar en algo que no le obligara a dejar de cantar pero le reportara más ingresos que las limosnas de siempre. Al otro día llegó cantado al lugar acostumbrado con un cartel que le colgaba del cuello y que tanto por pecho como por espalda decía:

June 17, 2011  |  Sin Comentarios » Leer más

Albatros II

En el último cuadernillo de lujo del Taller, hay un sticker holográfico de una aeronave. La fotografía es de Félix Nadar y fue tomada en 1868,  la máquina: El Albatros II fabricada por  Le Bris. Entre iridiscencias se ve una especie de aeroplano montado sobre una enorme carreta, su fuselaje es un híbrido de zeppelín y cuerpo de colibrí, sus alas son largas y acaban en punta; vistas desde abajo semejan las alas extendidas de un murciélago curvadas por el viento. Su cola es en forma de V con el vértice ligado al fuselaje, de la parte más anterior del fuselaje surge una vara larga que más parece una antena horizontal, un pico recto y excesivo que termina en aguijón.

May 20, 2011  |  1 Comentario » Leer más

En lo habitual

El motivo por el que se reservan el derecho a editar (burda e impredeciblemente) el espacio de texto en esta página me es desconocido, espero haber dicho lo esencial antes de se cortado. Como muchos de ustedes ya saben, Santagueda tras dejar Umbrella Retrouve lanzó un disco titulado De la tarde. Entre las canciones de este disco se cuenta Aquí antes cantó otra voz, único sencillo. El lado B de este sencillo lo conforma una canción que hasta poco antes de llegar a su fin no parece otra cosa que una cuestionable traducción de Most of the time de Dylan, traducida como ‹‹En lo habitual››. Cualqueria un poco más cauto habría dejado tranquila la versión original.

May 14, 2011  |  1 Comentario » Leer más

Aquí antes cantó otra voz

Pasaron cuatro años tras la disolución de Umbrella Retrouve antes de poder volver a recibir noticia de alguno de ellos.

Al salir De la tarde en más de una revisión se habló de sobriedad, de austeridad y hasta de simpleza; y es que Santágueda siempre se había encargado de los arreglos y las florituras de Umbrella Retrouve, de esa textura de pistas superpuestas que perdía las voces para surtir un efecto de destellos y correspondencias.

May 03, 2011  |  Sin Comentarios » Leer más

24 de Marzo

Todavía no nos decidimos por un nombre definitivo para el disco. Son cerca de las cuatro de la mañana, ayer fue lo mismo, empezamos tarde y acabamos tarde. Hay tres posibles nombres:
Uno de ellos es Veredas del borde. Me gusta la sonoridad que tiene “In Vino Veritas: Veredas del borde”, además se me ocurre un diseño en el que iría todo junto escrito de modo circular, donde las ves cortas funcionen como unas muescas casi equidistantes en el círculo; otro nombre es Viejas Bondades, curiosamente podría hacerse un diseño parecido, pero Viejas Bondades, a diferencia de Veredas del borde, me evoca algo muy distinto a lo que pretende ser el disco; Concesiones de una Corazonada es el nombre que mejor se ajusta a lo que hemos venido haciendo.

April 28, 2011  |  Sin Comentarios » Leer más

Veinte años detrás de la Verja

Las paredes fueron tapizadas con neopreno y sobre el piso tendieron una lana de vidrio reciclable de un color sucio que de lejos parecía madera y con las luces daba visos anaranjados. La Sinalefa, para su vigésimo aniversario, fue ocupada por el retrofuturismo y la guachafita. Benjamín Ostra, disfrazado de sleeper (Woody Allen 1970) cantó (a través de una botella micrófono llena de un gas magenta) cierra el grifo de voces, canción cierre del Payaso Cartero, último álbum de Abel Segafuerte.

April 20, 2011  |  Sin Comentarios » Leer más

El autor ausente

El Autor Ausente lleva más de veinte años haciendo música y recambio de las más de cuarenta personas que han pasado por su propuesta. Aunque lo folklórico y lo electrónico se filtren por sus membranas a través de difusión simple o ligeramente facilitada, El Autor Ausente sigue sonando esencialmente a rock.

Sus conciertos suelen darlos sobre tarimas hechas con lana de vidrio que arman y desarman ellos mismos. Que se sepa, siempre han tocado custodiados por el enorme lienzo superabundante que pintó de Túpac Yupanqui (décimo gobernador del imperio conocido como el Inca Viajero) el pintor suscrito al proyecto, Amael Garciandía.

April 20, 2011  |  1 Comentario » Leer más